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Los Doce Olímpicos

6 diciembre, 2010

¡Hola!

Estaba pensando un tema del que hablar, y lo primero que se me ocurrió fue escribir sobre las novedades que se habían dado en los últimos meses en el Lost Canvas. Sin embargo, en este ordenador me falta aglo de material y la conexión me va muy lenta, así que he optado por un tema aparte, y que en cierta forma está relacionado, al versar sobre la mitología griega. Eso sí, la auténtica, no la que se han tratado de inventar nuestros queridos mangakas trasnochados pero genialmente inspirados Masami Kurumada y Shiori Teshirogi. Además, quién sabe si no dentro de mucho tiempo vemos las versiones saint-seiyeras de los personajes sobre los que voy a hablar hoy… ¡ojalá!

Los dioses olímpicos.

Los Doce Olímpicos eran los dioses más importantes del panteón griego (y, por extensión, posteriormente también del romano). Reciben su nombre por habitar en el monte Olimpo, y se convirtieron en los indiscutibles líderes sobre las demás deidades tras haber resultado victoriosos en su combate con los dioses de la anterior generación, los Titanes. Aunque la identidad de algunas de estas divinidades varía según el lugar, el autor o el momento histórico del que estemos hablando, en todos los casos se menciona un grupo de doce dioses prominente sobre el resto. El concepto de los doce olímpicos data de, al menos, el siglo VI a.C. en Grecia (por lo que no hay mención explícita de ellos en las obras de Homero o Hesíodo), pero fue un concepto aceptado a lo largo de todo el mundo griego, llegando a relacionarse cada dios con un mes, una constelación zodiacal, una ciudad, etc.

En todas las versiones de los dioses olímpicos el líder indiscutible es Zeus, como padre de buena parte del resto de divinidades y artífice del derrocamiento de los Titanes. Los otros dioses olímpicos son hermanos e hijos del propio Zeus, y las relaciones existentes entre ellos y con la humanidad dan pie a la mayoría de los relatos existentes de la mitología griega. Como si se tratasen de simples mortales, los olímpicos sufrían de muchos males humanos como la envidia, los celos, el egoísmo, el orgullo o la lujuria, y de esta forma participaban activamente en la historia raptando princesas, engendrando monstruos, héroes y semidioses, conspirando contra imperios y ciudades y castigando a los blasfemos. Gracias al enorme legado histórico que nos ha legado la civilización grecorromana, su mitología es la mejor conocida incluso en la actualidad y la que más veces nos ha hecho soñar, incluso milenios después de que los olímpicos hayan silenciado sus pendencieras voces. ¿O no? Los dioses son producto del ser humano, y no a la inversa, y aún hoy en día podemos verlos participando en centenares de historias, estando tan vivos como lo estuvieron siglos atrás.

Las identidades de algunos de los doce dioses olímpicos, como ya he dicho, han variado según las circunstancias, pero en cualquier caso se pueden identificar las deidades que llegaron a lo más alto en los panteones griego y romano. De hecho, el panteón olímpico “canónico” estaba formado por los siguientes dioses:

1. Zeus. Rey de los dioses, gobernador del Olimpo, dios de los cielos y del trueno. Hijo más joven de Cronos y Rea. Esposo de Hera, amante de un sinfín de diosas y mujeres mortales y padre de otros tantos dioses y héroes.

2. Hera. Reina de los dioses, hermana y esposa de Zeus, y diosa del matrimonio. Celosa de las numerosas amantes de su marido, trata siempre de vengarse de ellas y acabar con su prole. Es la madre de Hefesto, Ares y Hebe.

3. Poseidón. Dios de los mares y océanos, rey de todo el mundo marino y responsable de los terremotos. También es hijo de Cronos y Rea. Se casó con la nereida Anfítrite pero, al igual que Zeus, tuvo muchas amantes.

4. Atenea. Diosa de la sabiduría y la guerra santa, de la que se cuenta que es la más poderosa de los olímpicos, sólo por detrás de su padre. Nació de la cabeza de Zeus completamente armada, después de que éste hubiese devorado a su primera esposa, la oceánide Metis, cuando ésta le profetizó que todos los hijos que tuviese serían más poderosos que su padre.

5. Apolo. Dios de la poesía, la música y la profecía. Hermano gemelo de Artemisa, e hijo de Zeus y la titánide Leto. No llegó a casarse, aunque tuvo varias amantes, entre ellas la mayoría de las Musas.

6. Artemisa. Diosa de la caza, los animales y la virginidad. Hermana gemela de Apolo, e hija de Zeus y la titánide Leto. Al igual que su medio hermana Atenea y su tía Hestia, hizo votos de permanecer siempre virgen.

7. Ares. Dios de la guerra, la violencia y la sed de sangre. Hijo de Zeus y Hera, era despreciado por los demás dioses, a excepción de Afrodita, con quien mantuvo relaciones extraconyugales.

8. Afrodita. Diosa del amor y la belleza. Algunas versiones la hacen hija de Urano y la espuma del mar, lo que la convierte en la única diosa perteneciente a las anteriores generaciones que llegó a ser olímpica. Homero y otros autores la hacen hija de Zeus y la titánide Dione. Fue casada con Hefesto, pero ella lo engañaba constantemente con Ares.

9. Hefesto. Dios del fuego y la forja. Hijo de Zeus y Hera, o tan sólo de Hera según otros autores. Al ser cojo y poco agraciado, su bella esposa Afrodita lo despreciaba y traicionaba constantemente.

10. Démeter. Diosa de la agricultura, la naturaleza y la fertilidad. Hija de Cronos y Rea, aunque no llegó nunca a casarse, tuvo un breve romance con su hermano pequeño Zeus, de quien nació Perséfone.

11. Hermes. Mensajero de Zeus, y dios de los comerciantes y los ladrones. Uno de los hijos menores de Zeus, nacido de los amores de éste con la ninfa Maya.

12. Dioniso. Dios del vino, las celebraciones, el teatro y el éxtasis. Es el único de los integrantes del grupo de los olímpicos con una madre mortal, la princesa tebana Sémele.

Otros autores griegos, y la mayoría de los romanos, afirmaron que en el grupo inicial de los olímpicos se encontraba la hermana mayor de Zeus, la paciente Hestia y patrona del hogar y la familia, pero que cedió su puesto a Dioniso para evitar confrontaciones y el temido número 13. Una deidad que tenía tanto poder como cualquier otro olímpico, pero que no solía ser considerado como tal al no residir en el monte Olimpo, era Hades, el temido dios del inframundo.

En fin, como podéis ver hay mucho que hablar de cada dios y muy pocas líneas para hacerlo. Simplemente, espero que hayan quedado claras las identidades de cada uno de ellos y su papel en su intrincada genealogía, ya que en un futuro hablaré de ellos y de otros más aspectos de la mitología clásica.

¡Un saludo!

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