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Los elementos clásicos

7 junio, 2010

Hoy no me apetecía hablar de ninguna sección del blog en concreto, ni introducir una nueva serie o presentar algún nuevo capítulo (aunque el Lost Canvas 183 está listo para salir), así que trasteando un poco por la red, he recopilado unas pocas líneas de información en plan culturilla general, en las que hablaré de un tema que siempre nos ha gustado mucho a los seguidores de la historia antigua o de distintos mitos y leyendas. Hablo del concepto de los elementos clásicos, componentes que los antiguos pensaban que componían toda la materia existente en el mundo. Los deseos de conocimiento del ser humano, y la necesidad de éste por organizar y elaborar una estructura del saber firme, elegante y consecuente con lo observable en la naturaleza hicieron que prácticamente todas las civilizaciones incorporasen en sus cosmologías una descripción de lo que consideraban los componentes esenciales del mundo. Evidentemente, con el paso del tiempo se demostraría que estas acepciones, por hermosas que fuesen y pese al enorme juego que daban en todos los campos del saber (ciencias, filosofía, religión, artes), no tenían nada que ver con la realidad. Sin embargo, se necesitarían siglos para pasar de los cuatro o cinco elementos tradicionales que suelen aparecer en varias culturas con los más de 115 elementos registrados en la tabla periódica… ¡sin olvidar que estos elementos “indivisibles” están a su vez formados por subpartículas comunes entre sí!

Pese a ello, siempre resulta bonito e interesante ver en qué pensaban las generaciones anteriores a nosotros y su manera de entender el mundo. De hecho, hay muchos libros y series que beben de este legado, y tratan de adaptarlo a los tiempos actuales con mayor o menor suerte. En esta entrada recojo las acepciones más frecuentes de los elementos clásicos, en función de la civilización que manejase este concepto:

Mesopotamia.

En el llamado Creciente Fértil se desarrollaron las primeras cosmogonías que dejaron claramente delimitada la existencia de cuatro elementos, cada uno de los cuales representado por uno de los grandes dioses cósmicos ya presentes en la etapa sumeria (2900 – 1940 a.C.) y desarrollados fundamentalmente a partir del esplendor de Babilonia. Para utilizar constantemente los mismos nombres a lo largo de este artículo, diremos que los cuatro elementos distinguidos en Mesopotamia hace más de cuatro mil años eran el agua, la tierra, el aire y el éter.

Grecia.

Poco hay que decir sobre los cuatro elementos diferenciados en la Antigüedad Clásica que no sepamos ya porque, como tantas otras cosas, la cultura occidental también tiene una herencia griega en este tema. Relacionando los conceptos cálido-frío y seco-húmedo, pueden ser identificados el fuego, el aire, la tierra y el agua. El filósofo Platón incluso llegó a relacionar cada uno de estos elementos con uno de los cuerpos sólidos perfectos (poliedros regulares): el fuego con el tetraedro, el aire con el octaedro, la tierra con el hexaedro y el agua con el icosaedro. Una generación después, Aristóteles adicionó un quinto elemento, el éter, que compondría el material que rellenaba el espacio entre cada una de las esferas en las que se movían los cuerpos celestes. Sin embargo, y por causas que aún no están claras, Aristóteles no hizo ningún esfuerzo por relacionar este éter con el quinto poliedro regular restante, el dodecaedro, cuya existencia era además un gran secreto que sólo se confiaba a los iniciados, quizás por alguna razón mística.

Los cuatro elementos en la cosmología griega y occidental

India.

De forma análoga a como ocurrió en Mesopotamia, en la India se relacionaron los elementos con los principales dioses del panteón, resultando un total de cinco elementos. Según la mitología hindú, el Creador empleó el elemento más sutil de los cinco, el éter (sólo perceptible por el oído), para crear el aire (perceptible por el oído y el tacto). A continuación, y uniendo ambos elementos, apareció el fuego (perceptible por el oído, el tacto y la vista) y, siguiendo esta progresión, el agua (perceptible por oído, tacto, vista y gusto) y la tierra (perceptible por los cinco sentidos).

La filosofía budista eliminó el éter de esta clasificación y se quedó con los mismos cuatro elementos que se han distinguido en Grecia. Probablemente esto no sea ninguna casualidad, ya que existía un contacto entre estas civilizaciones tan lejanas entre sí y, en realidad, Buda nunca habló de elementos, sino que afirmó que el mundo estaba compuesto de partículas muy pequeñas que se encontraban en constante cambio.

Buscando un paralelismo entre los elementos y los siete chakras que existen en el cuerpo humano, a la tradicional lista de cinco elementos se le añaden dos más, que permiten relacionar los dos conceptos. Estos elementos adicionales, mucho más abstractos y difíciles de definir, se basan en el equilibrio pensamiento/espacio y luz/oscuridad.

China y Japón.

Las formas de pensar entre Occidente y Oriente quedan claras al hablar de los elementos. Mientras que las civilizaciones occidentales, como la griega, definían los elementos como los materiales básicos que componían todo lo demás, los pueblos orientales como los chinos y los japoneses los entendían más bien como tipos de energía interaccionando entre sí y pasando de un estado a otro, cuyo flujo mantenía el equilibrio en el mundo. Los cinco elementos chinos son el fuego, la tierra, el agua, el metal y la madera. Como se puede observar, quedan eliminados el éter y el aire de las otras civilizaciones, que en ciertas definiciones y comportamientos podrían ser asimilados al metal y a la madera, respectivamente. Estos elementos estaban íntimamente relacionados con los cinco planetas, de tal forma que quedaba así unidos bajo un mismo nudo y en perfecta armonía el conocimiento del mundo terrestre y el del mundo celeste. Mientras que la Luna representa el Yin y el Sol el Yang, cada uno de los planetas tiene asignado su propio elemento: Mercurio-agua, Venus-metal, Marte-fuego, Júpiter-madera y Saturno-tierra, lo que provocaba que el conocimiento de los elementos tuviese una importancia enorme en la astrología.

En Japón tuvo una amplia aceptación la distinción en cinco elementos tal y como habían hecho los chinos, pero también desarrollaron una propia, también consistente en cinco entidades, iguales a las descritas en la India (tierra, agua, aire, fuego y éter/vacío).

Los cinco elementos en la cosmología china

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